Vestuario del peregrino

 Vestuario del peregrino

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Uno de los distintivos del peregrino era y es su vestuario. Al comienzo, las prendas y calzado empleados tenían una razón utilitaria, pero con el tiempo permanecieron iguales y llegaron a convertirse en atuendo característico de los peregrinos jacobeos. La mayoría de textos tanto de la historia como de la iconografía de las peregrinaciones, hablan de dicho atuendo. Según Xosé Ramón Pousa, al peregrino se le representa con, siete elementos que completan la identificación del caminante a lo largo de más de mil kilómetros de recorrido y que son: el sombrero de ala ancha para protegerse del sol y la lluvia; el abrigo con esclavina para defenderse del frío y de la nieve; un calzado fuerte, para resistir millones de pisadas sobre las piedras; el bordón que los protegía contra las fieras y les servía de apoyo; la calabaza en la que conservar el agua o el vino para cada etapa; el zurrón para portar los alimentos, el dinero y alguna ropa, y la concha venera, sobre el frente, sujetando el ala ancha del sombrero. Pero el accesorio característico, sin dudas, ha sido desde siglos la venera, concha, vieira o zamburiña, que los peregrinos obtenían, casi como un trofeo, al término de la peregrinación en Santiago. Hoy por hoy, una venera es un referente implícito del Camino de Santiago y forma parte de las señalizaciones propias que a lo largo de las diferentes rutas lo componen.

Equipado de este modo, el peregrino tenía libre el camino y era bien acogido en los numerosos albergues del recorrido, se le prestaba todo tipo de atenciones, desde alimentación, asistencia religiosa e incluso médica, llegado el caso. Habría que agregar que no todo era limpio en las peregrinaciones. Frente a la bondad generalizada para con el peregrino también hubo malos tratos y artimañas de parte de posaderos y encargados de albergues. No faltaban los vagabundos y asaltantes que poblaban los caminos a la espera de los desprevenidos caminantes. Las Órdenes De Santiago y del Temple vigilaban caminos y rutas, protegiendo a los peregrinos, incluso militarmente.

La mayoría de textos que recogen la historia de las peregrinaciones coinciden en que, de igual manera que por el vestuario, al peregrino se le distinguía por las canciones con que desahogaba las durezas del camino y por las leyendas que le acompañaban. Todo lo que, en muchos casos, se conservó y se trasmitió de generación en generación. De hecho, el cancionero llego a ser uno de los elementos más populares de las peregrinaciones medievales. Los peregrinos cantaban. Mucho. Bien o mal. Pero cantaban. Y sus canciones, junto con el arte románico, son uno de los más ricos legados culturales y artísticos que han transmitido a las generaciones posteriores. Se han recopilado e incluso publicado numerosos cancioneros de peregrinación (el primero ya en el siglo XII, en el Códex Calixtinus, reproducido hoy en disco) en los que aparecen los primeros ejemplos para más de una voz que se conocen en la Península: los discantos. El otro elemento tradicional ligado a las canciones es el conjunto de leyendas y milagros que, “transmitidos de voz en voz, servían para llenar las veladas y enfervorizar al caminante, formando una especie de mágica aureola alrededor del Apóstol y su sepulcro.” El tema central de la mayoría de los mismos es el auxilio milagroso que Santiago prestaba a los peregrinos en dificultades.

El Códex Calixtinus contiene un abundante muestrario de esas leyendas. El Códex Calixtinus o Liber Sanct Jacobi es el texto histórico de referencia sobre el Camino de Santiago, especialmente sobre el camino Francés. El documento original, cuyo origen no se conoce con exactitud pero se sabe que es anterior a 1173, es un manuscrito de 225 folios en pergamino. Está dividido en 5 partes que contienen sermones, textos litúrgicos, narraciones de milagros realizados por el Apóstol, la leyenda de Carlomagno y la Guía de Aymeric Picaud, considerada la primera guía del Camino debido a la información que contiene sobre los diferentes lugares por donde transcurría el mismo. El Códex fue restaurado en 1964 y se guarda en el Archivo de la Catedral de Santiago de Compostela.