Al pie de la historia: la tumba del Apóstol

Al pie de la historia: la tumba del Apóstol

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Si bien es cierto que los verdaderos protagonistas de la ruta jacobea son y han sido los peregrinos que la han recorrido a lo largo de los siglos, la historia del Camino como tal comienza en la tumba del Apóstol.

El apóstol que la tradición cristiana llama Santiago el Mayor era uno de los dos hijos de Zebedeo; su hermano fue Juan el Evangelista, uno de los apóstoles que tuvo una relación más cercana con Jesucristo, el hijo de Dios. Santiago murió, entre los años 41 y 44 d.C., decapitado por orden de Herodes Agripa I, cuando este rey intensificó la persecución de las primeras comunidades cristianas.

Según la tradición, a la muerte de Jesús los apóstoles se repartieron los lugares en que debían predicar, correspondiéndole a Santiago España y las regiones occidentales. Las leyendas jacobeas recogen dos versiones acerca de la presencia del Apóstol en la península hispánica. La primera afirma que recorrió Asturias, Galicia, Castilla y Aragón predicando la palabra de Dios con escaso éxito, y que durante esta misión se le apareció la Virgen junto al Ebro, sobre una columna, y allí se le ordenó construir una iglesia. La segunda versión sostiene que tras el martirio, sus discípulos recogieron el cuerpo y lo llevaron al puerto de Jope, donde providencialmente apareció una embarcación aparejada y sin tripulación que los condujo desde Jerusalén hasta Finisterre. Al séptimo día de navegación arribaron a la desembocadura del río Ulla, en Galicia. Al depositar el cuerpo del maestro en una gruesa roca, ésta cedió de tal modo que se convirtió en su sarcófago. La historia del Camino de Santiago se remonta así, a los inicios del siglo IX con el descubrimiento del sepulcro del Apóstol. El hallazgo del mismo está rodeado de una copiosa imaginación popular que ha contribuido a preservar la narración histórica.

Una de estas leyendas populares sitúa el extraordinario suceso en la primitiva diócesis de Iria Flavia, en Finisterre, cuando el ermitaño Pelayo y los vecinos de la parroquia de San Félix de Lovio vieron en la espesura del bosque unas luces resplandecientes o luminarias y oyeron canciones y músicas angelicales. Avisado el obispo Teodomiro acude al bosque y halla el mausoleo sepulcral, identificándolo como el túmulo funerario del Apóstol Santiago y de sus colaboradores Atanasio y Teodoro. Aquel campo de luces pasó a llamarse campus stellarum o stellae, posteriormente Compostela. Este hallazgo fue un hecho trascendental que conmovió profundamente a los pueblos del Occidente Medieval. Ante sus ojos se mostraron las pruebas evidentes transmitidas por documentos irienses que identificaban la tumba. No existen datos precisos de las circunstancias del descubrimiento, pero sí hay estudios que confirman al menos la antigüedad del lugar, posiblemente un castro celta en su origen y después una necrópolis romana. Sobre aquel templete de luces y música angelicales los monarcas Alfonso II el Casto y Alfonso III levantaron las primeras iglesias compostelanas. Luego llegarían las catedrales románica y barroca, las que hoy conocemos.

Por otro lado, desde su descubrimiento la tumba y su culto se integraron en el movimiento cultural auspiciado por la Corte Carolingia de Aquisgrán que sentó las bases de la Europa Medieval. Fue tan importante este hallazgo en el viejo continente que en la literatura, en representaciones iconográficas y en muchas leyendas medievales se ha querido dar al emperador Carlomagno un papel decisivo en el descubrimiento del sepulcro, cosa que ya se sabe no sucedió así.

Los soberanos de Aragón, Navarra y Castilla se esforzaron por atraer a sus dominios a gentes ricas y poderosas de otros países, utilizando todos los medios a su alcance para seducirlos: intercambios de presentes, matrimonios de conveniencia y proclamación de los favores que otorgaba el Apóstol si se visitaba su sepulcro. La creencia cada vez más extendida en los milagros de Santiago provocó que la gente comenzara a peregrinar hacia Santiago de Compostela para obtener su gracia.