El peso de la Mochila

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El peso de la mochila es, a parte de la preparación física, el aspecto más importante a tener presente antes de partir. Es necesario reducirlo al mínimo posible, intentando que no supere el 10% o 12% de nuestro peso corporal. En ningún caso debe exceder los 10 kilos, incluyendo el peso del agua.

Que sea cómoda, mejor anatómica y con sujeción a las caderas, no a la cintura; si es también con bolsillos laterales, facilita grandemente su utilización e, incluso, si tiene dos compartimentos, podríamos utilizar el de abajo para guardar el saco, pues nos permite sacarlo sin tener que vaciar la mochila.

Se puede aprovechar este mismo compartimento para guardar la capa, pues así,  y en caso necesario, la podremos sacar rápidamente.

“Hacer la mochila” tiene también su importancia: los elementos más pesados, colocarlos más cerca de la espalda. Y el gran misterio, el saco colocarlo en el fondo, para que amortigüe todo lo demás.

Es conveniente llevar los utensilios que guarden relación entre sí, en bolsas de plástico y de colores para poderlas distinguir.

Los artículos de más uso y poco volumen, en los bolsillos laterales, y en el bolsillo superior o cierre, la guía, credencial, documentación, etc…

Atención a la mochila que debe estar equilibrada en cuanto a la distribución del peso y no ladeada.

Podemos “jugar” con la sujeción a las caderas para descargar de vez en cuando los hombros, al apoyar la mochila en las mismas.

En cualquier caso, creemos necesario establecer un límite de peso para la mochila cargada; lo ideal sería como máximo el 10% de nuestro peso, que resulta difícil, por lo que aconsejamos 6/7 Kg en el caso de las mujeres y 7/8 Kg en el de los hombres.

La mayoría de los problemas de los pies, tendinitis y otras dolencias, que se nos puedan presentar, serán como resultado de una mochila demasiado pesada. No cargarla en exceso.