A Pie

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Para realizar la peregrinación a pie se recomienda seguir una serie de preceptos para hacer el trayecto lo más levadero posible, y llegar a Santiago de Compostela sin ninguna lesión.

El calzado es fundamental, tiene que ser de buena calidad. Hay que utilizar bota que abrace el tobillo, pues los caminos son irregulares, pudiendo producirse esguinces que podrían incluso obligar a suspender la marcha. Aparte de ser alta, la bota debe ser impermeable y transpirable. También son importantes los calcetines, han de ser de lana o similar, es necesario llevar varios pares pues hay que cambiarse a menudo.

Es necesario utilizar una vestimenta holgada y transpirable, para evitar los frecuentes roces que producen dermatitis de contacto, sobre todo en la parte interna de los muslos. Además debe llevarse ropa adaptada a la climatología de la época en que se realice la peregrinación (chubasquero, cazadora, jersey, bañador, gafas de sol…). No debe olvidarse un sombrero para evitar las insolaciones.

Tan importante como la indumentaria es la alimentación. En la víspera de la marcha no se debe realizar una ingesta copiosa de difícil digestión. Es conveniente tomar más azúcar de lo habitual, puede hacerse tomando dulces o miel. Las vitaminas son necesarias, las aportan las frutas frescas como naranjas, limones…, y también los frutos secos como la nuez y pasas. Hacer la comida más fuerte al final de cada etapa. Si se toma agua en el camino, asegurarse de que es potable.

La sensación de sed se calma mejor, no con el aporte de líquidos muy fríos, sino con sopas o caldos templados.

Es muy normal que la persona que piensa hacer el Camino, tenga sus dudas si hacerlo sólo o con compañía; la respuesta sería que hacerlo solo es la forma de no tener que depender de nadie para tomar ninguna decisión, que en ningún momento se va a encontrar solo, y que podrá disfrutar en toda su plenitud del Camino y de la búsqueda interior que supone hacerlo.